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Elección de carrera, claves para garantizar el éxito

La educación es uno de los pilares fundamentales sobre los que se sustenta nuestra vida. Desde la elección de colegio, hasta el instituto o la rama de bachillerato, lo cierto es que los jóvenes se enfrentan a lo largo de sus años como estudiantes a muchos cambios que repercutirán sobre su futuro.

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En la actualidad, esta situación se ha vuelto aún más compleja debido a las características de los jóvenes que ahora comienza la universidad, la denominada Generación Z. Se caracterizan por haber crecido en plena crisis económica, por lo que su relación con el dinero y las posesiones es diferente a la de las generaciones anteriores. Además, son auténticos nativos digitales, lo que modifica también su forma de entender la educación, que es mucho más vocacional y en constante cambio y movimiento debido al acceso a las tecnologías.

Esta forma de entender el mundo hace que la Generación Z tenga una disociación entre el esfuerzo aplicado y el resultado esperado. Es decir, quieren muchas cosas pero no están dispuestos a trabajar para obtenerlas, puesto que han visto cómo la sociedad y la economía pueden cambiar en unos meses. Este concepto se conoce como "fantasy gap". Los adolescentes entienden la importancia de sacar buenas notas, tener trabajo, ganar dinero, etc, pero no están dispuestos a esforzarse para conseguirlo. Y en esta percepción tiene especial influencia el entorno social y familiar en el que se encuentran. Como tienen de todo sin recurrir a su propio esfuerzo, no ven la necesidad de trabajar por ello.

Es precisamente por esta problemática por la que es tan importante inculcarles desde pequeños el valor de la educación, y es aquí donde la Paternidad Proactiva cumple su función: la prevención. Es decir, hay que empezar este proceso mucho antes de tener que decidir.

Los hijos necesitan entender que la formación es un proceso que dura toda la vida y que tiene una influencia directa a la hora de encaminar su vida hacia una carrera o trabajo concreto. Los tres pilares sobre los que se tiene que basar esta decisión son:

  • Qué se le da bien y qué le gusta. El ejemplo más habitual es la elección entre ciencias o letras. En ningún caso hay que obligarle a optar por una rama con la que el niño se sienta incómodo, o imponerle la carrera que estudió alguno de sus padres. Es muy posible que ese sector no le guste o que no se sienta atraído. Además, la Generación Z se mueve por impulsos, por lo que la elección de estudios será, seguramente, puramente vocacional.
  • Una vez saben lo que les gustaría ser, debemos plantearles qué esfuerzo son capaces de realizar para conseguirlo. Comentar con ellos si les gustaría cambiar de ciudad o si entienden las horas de estudio que necesitarán, ayudará a que se hagan una idea más fiel de su futuro.
  • Pese a los consejos, recomendaciones y alternativas planteadas, los padres al final tendrán que dejar que los jóvenes tomen su propia decisión. La responsabilidad de los adultos y orientadores de los institutos es meramente informativa, pero nunca han de imponer una elección.

A pesar de estos consejos, es también importante transmitirles que la vida es muy larga, y que, aunque tomen una decisión con 17 o 18 años, su carrera profesional puede dar muchas vueltas. Los estudios superiores no son una elección que nos limite de por vida, sino una experiencia completa. No solo adquirirán conocimientos culturales, sino que se conocerán a sí mismos y descubrirán su lugar en el mundo.

La clave es que entiendan las consecuencias naturales de sus decisiones y que dejen el mayor número de puertas abiertas en caso de que en algún momento deseen cambiar de dirección.

Elaborador por: Deanna Marie Mason, experta en salud y educación familiar


Fuente: Elección de carrera, claves para garantizar el éxito | El Economista

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