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¿Está tu hijo preparado para afrontar un cambio de residencia? Cómo apoyar a tu hijo en su proceso de «soltar amarras» antes de seguir adelante

¿Está tu hijo preparado para afrontar un cambio de residencia? Cómo apoyar a tu hijo en su proceso de «soltar amarras» antes de seguir adelante

Cuando se acerca una mudanza, es natural que uno se centre en el lugar en el que pronto aterrizará. Hay numerosos temas en los que tenemos que tomar una decisión o que escoger: dónde vamos a vivir, a qué colegios van a ir nuestros hijos, qué casa vamos a alquilar o a comprar, etc. Sin embargo, es importante también no pasar por alto otro aspecto importante: que los niños se despidan como corresponde de la vida que han llevado hasta ese momento en el sitio de partida; es decir, en el lugar del que os estáis marchando.

Para algunos, ese lugar de partida es un hogar permanente. Os vais a ir de casa por una temporada, pero volveréis a ella tras un periodo de tiempo ya definido. Para otros, ese lugar de partida va cambiando cada 1 – 5 años y puede que sea un sitio al que nunca más volváis. Independientemente del tipo de lugar de partida del que se vaya a marchar vuestra familia, merece la pena generar una sensación de cierre, de modo que los niños puedan sentirse a gusto con su marcha y estén listos para aceptar su aterrizaje en el lugar de destino.

SOLTAR AMARRAS ANTES DE EMPRENDER UN CAMBIO DE RESIDENCIA

El soltar amarras es un proceso que varía dependiendo de la edad del niño, las características de su personalidad y la tolerancia al cambio que tenga. Por lo general, ese proceso de «soltar amarras» consta de los siguientes pasos:

  • Informar al niño sobre la inminente partida y darle suficiente tiempo para hacerse a la idea y aceptar la realidad.
    • A los niños más pequeños (0 – 5 años) les viene mejor que se lo cuenten con menos tiempo de antelación, puesto que son incapaces de comprender el tiempo como concepto abstracto.
    • Los niños de más edad (en edad escolar y más mayores) van a necesitar más tiempo para aceptar el cambio y para prepararse para él.
  • Identificar formas, acordes con la edad del niño, de ayudarle cuando tenga que contarles a sus amigos y conocidos que se va a ir en breve.
    • Los niños más pequeños necesitarán ayuda para transmitir la información a los amigos, preferiblemente a través de adultos de confianza. Los sentimientos se pueden expresar mediante el tacto (p. ej., besos y abrazos) si el lenguaje verbal es todavía limitado.  Además, se pueden usar materiales para dibujar y pintar que sirvan de apoyo para la expresión de las emociones.
    • Los niños más mayores ya son capaces de transmitir la información y de compartir los sentimientos que les genera su partida hablando, escribiendo o mediante otras formas de expresión creativa (música, baile, arte).  Sin embargo, es posible que algunos necesiten apoyo emocional para embarcarse en estas actividades.
  • Promover las relaciones positivas en la vida del niño en el lugar de partida para ayudarle a salvar la brecha o el vacío que existe entre el despegue y el aterrizaje.
    • Con frecuencia el niño va a tardar un tiempo en hacer nuevos amigos en el lugar de destino. El uso de las relaciones positivas establecidas en el lugar de partida le puede servir de apoyo al niño hasta que tenga nuevas amistades.
    • La comunicación a través de internet (utilizando, por ejemplo, Skype o FaceTime) puede ayudar a mantener las relaciones tras la partida y una vez llegados al lugar de destino.
  • Fomentar antes del despegue un equilibrio sano, en el que la atención se reparta entre el colegio, los amigos y los vecinos.
    • Es muy tentador ponerse a planificar un montón de fiestas de despedida, eventos y actividades especiales para que el niño se vaya con un buen sabor de boca. Sin embargo, con tanta socialización el niño puede sentir una nueva ola de popularidad que haga que le sea aún más difícil marcharse, al haber alcanzado el estatus social que tanto había deseado.
    • El exagerar las despedidas en el lugar de partida creará una sensación de «bajón» aún mayor cuando aterrice en el lugar de destino. El moderar la atención generada propiciará una despedida más sana, al mantener unas expectativas realistas sobre cuál es la importancia del niño dentro de su entorno.
  • Ser conscientes del sentimiento de pérdida e incertidumbre que se apoderará del niño al partir, y aceptarlo.
    • Los niños más pequeños pueden experimentar un retroceso en su desarrollo a medida que se va acercando el momento de la partida. Quizá vuelvan a hacerse pis en la cama, a chuparse el pulgar o a necesitar sus peluches o su mantita preferida: es la forma que tiene el niño de crear una sensación de estabilidad. Los padres deberían tomarse estos comportamientos como una fase transitoria y deberían abordar el tema sin considerarlo una falta de disciplina.
    • Los niños de más edad puede que se vuelvan más agresivos o que experimenten un retroceso a medida que se va acercando la fecha de la partida. Los niños extrovertidos tienden a expresar más lo que están sintiendo, mientras que los niños introvertidos suelen cerrarse más en sí mismos. El alentarles a los niños a que verbalicen sus pensamientos, sentimientos y miedos puede ayudarles a lidiar con esas emociones que están provocando su cambio de conducta. Dentro de los límites que marcan las reglas y los valores familiares, los padres deberían gestionar la actitud y los actos de sus hijos con empatía.
  • Evitar hacer planes fabulosos y promesas difíciles de cumplir que animen al niño a aceptar la partida.
    • Los aterrizajes, con frecuencia, están llenos de incertidumbre. No es aconsejable prometerle al niño cosas extraordinarias para convencerle de que el cambio de residencia va a ser una experiencia positiva.
    • Es mejor que los padres mantengan un mensaje claro y firme, sin grandes variaciones, de que la experiencia va a llegar y de que los padres estarán ahí, siempre dispuestos a apoyar emocionalmente al niño lo mejor que puedan durante la transición.

El soltar amarras es una parte esencial del proceso de cambio de lugar de residencia. El no abordar las necesidades del niño mientras se prepara para dejar su colegio, sus amigos y su entorno social puede tener como resultado que el niño desarrolle hábitos negativos que no ayudarán a que el niño se adapte bien a su nuevo entorno.

Algunas actitudes habituales de un niño que no comprende por qué tiene que irse son, entre otras: mentir, crear un personaje falso, manipulación de las amistades para ganar poder, abandonar a los amigos y proyectar una imagen de falsa seguridad. Esto sucede porque el niño cree que, cuando se marchen, todo quedará atrás y empezarán de cero de nuevo en su lugar de destino.

Lamentablemente, con la presencia de Internet y de las redes sociales, como Facebook, el mundo está muy conectado. Los niños de más edad se encuentran en ocasiones con que sus comportamientos pasados les persiguen hasta el lugar de destino.

El enseñar a los niños a decir adiós es una destreza vital fundamental, especialmente si la familia va a estar mudándose con frecuencia.  El soltar amarras es un proceso que se puede aprender si a uno le enseñan a hacerlo convenientemente. Cuando se domina esta destreza, los niños serán capaces de decir adiós, de sentirse seguros de que pueden mantener la relación con las personas que son más importantes para ellos, a la vez que consiguen abrirse para forjar nuevas amistades en su nuevo lugar de residencia.

El conocimiento es el poder

  • ¿Qué has aprendido o qué has sacado en claro de esta entrada? 
  • ¿Te ha ayudado a identificar algún aspecto de vuestra vida familiar que os gustaría modificar? 

En el espacio que aparece a continuación, haznos partícipes de tus experiencias y dinos qué medidas tienes previsto adoptar para cambiar el rumbo de la dinámica familiar.

 

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