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Deja de fingir: La importancia de mostrar cómo te sientes realmente

Deja de fingir: La importancia de mostrar cómo te sientes realmente

Una de las cosas más difíciles de hacer es aparentar que estamos contentos cuando, en nuestro interior, nos sentimos tensos y estresados. Esto requiere una ingente cantidad de energía, especialmente si, a la vez, estamos tratando de solucionar la causa de nuestro estrés. De hecho, el esfuerzo que hay que realizar para parecer feliz nos supone incluso una carga adicional.

Cuando vivimos en el extranjero la gente espera que estemos continuamente pasándonoslo en grande y disfrutando a tope. Vista desde fuera y a ojos de los demás nuestra vida puede parecer un sueño o una fantasía hecha realidad. Aquellos que nos observan desde fuera, desde la lejanía, no pueden ver ni sentir el estrés diario que se cuela en nuestras vidas por estar en un lugar con una lengua, una cultura y unas reglas sociales distintas o por tener que aprender a desenvolvernos en un entorno nuevo. Esta discrepancia entre lo que nosotros vivimos y lo que los demás ven desde fuera puede provocar una presión social que nos empuje a dar a la gente lo que espera de nosotros. Es posible que, sin darnos cuenta, nos sintamos en la obligación de representar un papel.

Muchas veces nos han enseñado que sentirse estresado es un síntoma de debilidad. De algún modo se supone que tenemos que ser capaces de controlar nuestras emociones en todo momento y, además, de gestionar todas las dificultades con las que nos vayamos topando sin que ello nos afecte.

La realidad confirma que esto es imposible. Habrá días en los que estemos radiantes y nos las apañemos muy bien en nuestro nuevo entorno. Sin embargo, habrá otros en los que todo nos salga mal y nos sea materialmente imposible mantener nuestras emociones bajo control o solucionar nuestros problemas por nuestra cuenta y sin ayuda. Es precisamente en esos días cuando más nos cuesta poner cara de felicidad y alegría.

Fingir y aparentar tiene un coste

Las barreras lingüísticas, perderse por quinta vez, no entender las reglas culturales o, simplemente, la mala suerte pueden acabar por amargarte el día. Cuando uno se ha de enfrentar a situaciones estresantes hay que liberar toda la tensión acumulada. Con frecuencia esa liberación se logra expresando o verbalizando emociones.

Los sentimientos por los que vamos pasando juegan el papel de barómetro interno. Nos están diciendo qué significa para nosotros dicha situación, qué tal la estamos manejando y cómo nos encontramos. Cuando nos da por mostrar en el exterior emociones artificiales (p. ej., felicidad y alegría), que no se corresponden con los sentimientos que circulan por nuestro interior, acabamos generando todavía más estrés y más tensión interna y empeoramos la situación.

Siendo sinceros, nadie puede estar feliz y contento todos y cada uno de los días de su vida, especialmente cuando vives en un entorno complejo y confuso. Tampoco parece razonable esperar que las dificultades de la vida diaria no nos afecten en modo alguno. No siempre vamos a ser capaces de controlar nuestras emociones o de gestionar todo nosotros mismos y sin ayuda. Vivir en el extranjero con frecuencia nos obliga a abrirnos al prójimo (lo que nos vuelve más vulnerables) y a pedir ayuda con cosas que, por lo general, podríamos hacer solos si estuviéramos en nuestro país de origen. También somos más propensos a meter más la pata.

Esto, por supuesto, va a provocarnos una cierta ansiedad. Quizá queramos ocultar esa ansiedad proyectando una imagen de felicidad y poniendo cara de que todo marcha a las mil maravillas. Sin embargo, esta actitud nos impide admitir nuestras necesidades y pedir el apoyo que nos hace falta.

Permite que el exterior concuerde con el interior

Abrirnos, para así aceptar lo que nos está sucediendo a nivel emocional, puede servirnos para sentirnos mejor y para mejorar nuestra relación con los demás. En cuanto a aquellos que examinan nuestras vidas desde su propia perspectiva, es conveniente hacerles saber que la vida es vida independientemente de donde la estés viviendo. Quizá así se den cuenta de que no estamos inmersos en un mundo de fantasía. Todo el mundo tiene que ir al supermercado, encontrar zapatos para sus hijos del número adecuado, llamar al fontanero o sumergirse en el tráfico de la hora punta. Démosles más información para que así reduzcan la presión que ejercen sobre nosotros y que nos fuerza a aparentar estar felices y contentos. Eso nos dará un respiro y nos permitirá ser nosotros mismos, sin sentirnos obligados a cumplir sus expectativas.

Además, también puede ser útil hablar abiertamente del tema con gente de nuestro nuevo entorno (p. ej., otros padres del colegio, compañeros de trabajo, etc.) que quizá también esté viviendo lejos de su país. Contar con sinceridad que has tenido un mal día, compartir con los demás tus pequeñas luchas cotidianas o alguna experiencia negativa y embarazosa que hayas tenido puede servir para crear lazos entre las personas. Probablemente encuentres un montón de experiencias similares a la tuya entre los demás expatriados. Sé valiente para hablar abiertamente y con sinceridad: puede ser el punto de partida para crear una comunidad en la que la gente comparta experiencias, conocimientos y consejos que os faciliten a todos la vida.

Además de crearse lazos, este entorno seguro puede dar pie a que surja la amistad, lo que siempre ayuda a aliviar la tensión. Disponer de zonas seguras en las que podamos compartir esos sentimientos íntimos que nos llegan a lo más hondo puede hacernos mucho bien. Es siempre un alivio saber que tenemos a alguien en quien podemos confiar, que está pasando por una experiencia similar a la nuestra y al que le podemos contar todas esas pequeñas tragedias que vivimos durante nuestra estancia en el extranjero. En comunidad podemos hablar, compartir y lamernos las heridas.

Solo si permitimos que nuestra imagen exterior concuerde con lo que sucede en nuestro interior podremos sentirnos seguros de nosotros mismos y en control de la situación cuando nos relacionemos e interactuemos con los demás. Esconderse detrás de las expectativas que tengan los demás o tener miedo de mostrar nuestro lado humano lo único que hace es cargarnos de más estrés y frustración. Abrámonos y mostremos cómo es realmente la experiencia que estamos viviendo: esta actitud puede propiciar nuevas redes de apoyo que alimenten nuestro espíritu y nuestra fuerza interior.


El conocimiento es poder

Y tú, ¿cómo te muestras en el día a día?


 

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